Pues empezamos la semana (un poco atrasados) por problemas de tormentas eléctricas y tornamesas austeras. Esto es algo de la mente maestra detrás del Instituto Mexicano del Sonido, el señor Camilo Lara, publicado el 17 de junio del 2007 para su sitio en myspace. Una historia llena de fiesta y recuerdos. Tomado tal cual del original. Disfrutenlo!

El Carmesí de tu abandono
La fiesta en el DF no es como la plantea el gobierno. Nunca sali vestido de Chiapaneco por los bares pidiendo un Vodka Riki.Recuerdo con mucho cariño las fiestas. Siempre un amigo en las tornamesas. Era como tocar base en el juego de quemados. Cuando me sentia perdido, solo, o lejos de completar la misión nocturna, me arrimaba junto a la mesa donde estaba el diyei y le sonreia en señal de complicidad. Movia la cabeza validando la exquisita selección de temas escogidos. Cási todos eran mis amigos. Yo era uno de ellos.Chuy era el que siempre estaba. Pero Chuy era escandaloso y, como dicen los americanos, loud. Tenia la capacidad de desconocerte tan pronto y tomaba las tornamesas. Brincaba y gritaba como si hubiese sido él quien compuso las melodías. Ni Mick Jones de Clash se emocionaba tanto al escuchar Rock The Casbah.Otras noches los diyeis eran Rizo y Julián. Un dúo increible. Disfuncionales y obsesos con revisitar nuestro cortito pasado. Siempre fue mas divertido bailar con las canciones que ponían. Por lo menos las conocía todas. Sus seguidores también eran mas simpáticos que los de Chuy. O quizás atraían mas a las guapas.Así pasó la mitad de mi vida. Bailando. O mejor dicho, viendo bailar. Bailando únicamente en momentos clave. Bailando para enamorar o bailando para olvidar.El vodka siempre fué un aliado para hacer las mas alocadas proezas. Para cruzar los finos límites sociales de alguien como yo.Pedro Josep era el nombre de un personaje que siempre engalanaba la pista. Sin duda su presencia era el síntoma de que la fiesta era la correcta. Pedro Josep era el primer ministro de los eventos. El dictaba la etiqueta, el modo de baile y la tendencia a seguir. Lo recuerdo en el Pasaguero cuando llevaba una visera verde de esas que usan los que reparten las cartas en el black jack en Las Vegas, una camisa con colores fluorescentes de otra época y una chamarrita negra Ferrari de las que puso de moda Michael Jackson. En la fiesta conocí a Aurora. Aparecía cuando tocaba Rizo y Julián (o por lo menos ellos siempre lo aseguraron). Cuando me topé con Aurora yo era el dj. Esa noche había optado por poner discos y no socializar. También opté por dejar a un lado el vodka y tener una velada de Oporto. Mis discos y mi oporto. Iba en el último vaso antes de vaciar la botella cuando se acercó. Rápido me quité los audífonos y platiqué con ella. La invité a que pusiera un par de canciones. Reimos. Su mirada vacilaba entre la locura y la genialidad. Tenía una sonrisa de monalisa y carcajada de menina. Criticamos a todos los que bailaban las canciones incluyendo a Pedro Josep. Me apuntó su messenger en una servilleta. Al día siguente hervía en calentura. Era Domingo y ya muy avanzado. Dentro de mí libraba un mano a mano entre la cruda y la gripa. Esa tarde empataron. Un día totalmente improductivo. Lo único que hice fue preparar un mail fulminante, simpático y agudo para no perder a Aurora. Lo respondió el Martes cuando daba todo por perdido. Un mail parco pero con ortografía impecable. Eso hacía repiquetear mi corazón. Encima de simpática y guapa tenía cultura general. Después me enteré que corregía estilo en una casa editorial. Era el sueño erótico de cualquier nerd.Salimos dos veces y en la tercera elegímos no volvernos a separar el uno de el otro. Aurora me acompaño doce años de mi vida. Los primeros tres seguimos en las fiestas, bailando para ser felices o bailando para reafirmar nuestra felicidad.Después nos mudamos a Paris.Al segundo año de vivir a un costado Montmartre nació Elisa. Una bonita bebe con ojos de fiesta y sonrisa de enigma.Elisa iba a la guardería de Saint Denis donde socializaba con una pandilla de niños hijos de padres como Aurora y yo. Gente que había dejado la fiesta por la familia. O que seguía en ella y dividía su tiempo entre la noche y los pañales.Elisa pasaba el dia entero dibujando y jugando con los calcetines como si fueran títeres. Cuando tenía 5 años, todos los calcetines de la familia tenían pintados ojos y boca. Protagonizaban las mas asombrosas aventuras. Por lo menos para ser calcetines con ojos y boca.Pasaba horas enteras imaginando batallas navales, escenas románticas y pláticas cotidianas entre calcetines de rombos, azules o corroidos. Los tines y medias eran siempre niños o señores en silla de ruedas.Elisa era daltónica como la madre. Siempre tuve la curiosidad de saber como veía las escaleras de Mont Cenis. Como era su París. Me partía el corazon saber que se perdía el increible carmesí de las calles en otoño y el verde de la campiña en primavera.Cuando Elisa cumplio 7, Aurora nos dejó. Un Domingo en el que Elisa y yo fuimos al cine, empacó sus cosas y dejó una nota muy bien escrita. Con todos los signos de puntuación y una caligrafía tan bella que resultaba poco coherente con el contenido.Aurora era infeliz en Paris a nuestro lado. Su corazón estaba en México. Elisa a diferencia de lo que cualquiera pensaría no la extraño un solo momento. Su madre era citada ocasionalmente en sus obras con calcetines, pero no la lloró ni un día. Tal vez el recuerdo de su madre se disolvio así como los colores de su vista. Y en su mundo, eso era absolutamente normal.Asi pues, comencé una vida distinta en compañia de mi pequeña niña. Escuchando a Velvet Underground en nuestro minúsculo departamento. Tomando vino los fines de semana y contando cuentos infantiles que trataran, aunque fuera poquito, de transmitir el sabor de los colores.No he vuelto a México. Y me pregunto qué será de Chuy, de Pedro Josep, de Rizo y de Julián. Aurora vive en Morelia y trabaja en el festival local de cine. Sigue en la fiesta tanto como cuando vivíamos juntos en el DF. La extaño mucho. Afortunadamente veo su mundo incoloro por los ojos de Elisa.
Camilo Lara 2007